Hay viajes que no se miden por la distancia recorrida, sino por los encuentros, las conversaciones y los vínculos que nacen en el camino.
Durante las últimas semanas, las comunidades de El Arca de Madrid y El Arca de Moià hemos tenido la oportunidad de compartir la vida en nuestros respectivos hogares. Primero recibimos con muchísima ilusión a la comunidad de Moià en Madrid y, poco después, fuimos nosotros quienes viajamos hasta allí.
Dos viajes diferentes, pero unidos por un mismo deseo: conocernos mejor, aprender los unos de los otros y seguir construyendo comunidad.
Moià vino a compartir nuestro hogar
La primera parte de esta experiencia comenzó con la llegada de la comunidad de Moià a Madrid. Nos hacía muchísima ilusión abrirles las puertas de nuestro hogar, recibirles con todo nuestro cariño y enseñarles cómo vivimos el día a día en El Arca de Madrid.
Durante su visita compartimos nuestras rutinas, nuestras costumbres y los espacios que forman parte de nuestra vida cotidiana. Fueron días llenos de conversaciones, paseos, risas, comidas compartidas y muchos momentos para conocernos un poco más.
Les mostramos nuestro hogar, pero también aquello que no siempre se ve a simple vista: los vínculos que construimos, las responsabilidades que compartimos, las decisiones que tomamos juntos y la forma en la que cada persona aporta algo único a la comunidad.
Su visita nos permitió mirar nuestro día a día con otros ojos y recordar que compartir la vida también significa abrir las puertas, dejarse conocer y aprender de otras personas.
Después, viajamos nosotros a Moià
Poco después llegó el momento de preparar las maletas y viajar hasta Moià. Fuimos con muchas ganas de reencontrarnos, conocer su comunidad y descubrir su manera de vivir El Arca.
Desde el primer momento nos sentimos acogidos con muchísimo cariño. Pudimos conocer sus espacios, compartir sus rutinas y descubrir algunas de sus costumbres. También tuvimos tiempo para conversar, pasear, disfrutar de la mesa, reírnos y vivir juntos esos momentos sencillos que terminan convirtiéndose en los recuerdos más especiales.
Este viaje nos permitió conocer otra forma de construir comunidad, intercambiar experiencias y aprender de su manera de acompañar y compartir la vida.
Regresamos a Madrid con nuevas ideas y aprendizajes, pero, sobre todo, con la sensación de haber fortalecido una relación muy especial con una comunidad hermana con la que compartimos una misma forma de entender la inclusión: desde la convivencia, la reciprocidad y las relaciones auténticas.
Estos encuentros han sido mucho más que dos viajes. Han sido una oportunidad para fortalecer la relación entre nuestras comunidades, generar red y sentirnos parte de algo mucho más grande.
Aunque cada comunidad tiene su propia historia, sus costumbres y su manera de organizarse, todas compartimos una misma esencia: construir hogares donde las personas con y sin discapacidad intelectual puedan convivir, participar, decidir y sentirse queridas, valoradas y parte de una comunidad.
Nos quedamos con las conversaciones, las risas, las comidas, los paseos y todos esos pequeños momentos que nos han permitido acercarnos y conocernos de verdad.
Gracias, comunidad de Moià, por venir a compartir nuestro hogar y por abrirnos después las puertas del vuestro. Deseamos que estos dos viajes sean solo el comienzo de muchos más encuentros, aprendizajes y momentos compartidos.
Porque cuando nos visitamos, nos escuchamos y compartimos la vida, las distancias se hacen más pequeñas y la comunidad se hace mucho más grande.

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